La diosa del ladrillo

jueves, 31 de diciembre de 2015

4. Princesas de latón (La diosa del ladrillo, editorial Dauro)

4. Princesas de latón
«El agonizante otoño rugía desafiante y los últimos rayos de sol del moribundo día se resistían a abandonar la habitación. El silencio era tumulario, de no ser por los secos trastazos de Bárbara sobre la mesa, que entre violentas cabezadas luchaba por mantenerse firme en su «silla de la suerte», como llamaba a la antigua poltrona de anea que presidía el salón y que ella misma había restaurado a conciencia, pintándola con un estridente tono violeta y dibujando una especie de motivo floral en el respaldo. Bárbara llevaba varias semanas manteniendo un pulso titánico contra Morfeo, estudiando a deshoras derecho romano con tal de superar la prueba de diciembre y así eliminar materia para el examen final. El termo de dos litros sobre la mesa la había ayudado a mantenerse en vigilia la noche anterior y trasladarla al nuevo día. Llevaba más de una jornada sin dormir, y se resistía a sucumbir al sueño con litros de café, líquido que bebía más que el agua en los últimos días. Las otras tres doncellas, Nuria, Berta y Lorena, arrumadas en el descomunal y desproporcionado sofá-cama de rojo vivo, yacían en paños menores como tres divinidades de descomunal belleza» (La diosa del ladrillo, pág. 46).


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