La diosa del ladrillo

viernes, 1 de enero de 2016

5. Don Leocadio (La diosa del ladrillo, editorial Dauro)

5. Don Leocadio


«Don Leocadio se mostraba muy nervioso y bastante exaltado. Empezó a dar vueltas por toda la habitación con la respiración entrecortada. Necesitaba algo. Todos lo miraban con cierta preocupación. De pronto se montó de nuevo en el sillón de barbero, tras su escritorio, y alargando el brazo pegó un tirón del cajón inferior. Sacó un frasco de vidrio negro; era un bote de colonia con la inscripción Crocodile. Con un fuerte giro, despegó la base del mismo. Se trataba de un bote falso que aunque tenía colonia, la base se podía despegar para esconder cualquier sustancia. Cogió la parte superior para rociarse algo de perfume por el cuello y la coronilla y, separando la base meticulosamente, empezó a rociar cocaína sobre la mesa» (La diosa del ladrillo, pág. 85).



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