La diosa del ladrillo

jueves, 7 de enero de 2016

7. Sucesión y destino (La diosa del ladrillo, editorial Dauro)

7. Sucesión y destino


«Don Leocadio llevaba muchos años divorciado y Bárbara seguía soltera. Curiosamente, ni doña Rita ni Bárbara pusieron objeción alguna al enlace, toda vez se aclarase que sólo se trataba de una simple fórmula jurídica para facilitar a don Leocadio el acceso a sus cuentas y a su parte del botín. Ya tenía demasiado dinero negro escondido en su sede central, en Don Leocadio, en cajas de seguridad de distintos bancos, además de una importante suma de dinero esparcida en bolsas de basura cubiertas de aluminio, debajo del césped artificial del inmenso jardín de Don Leocadio. No sabía dónde sembrar otros seis millones de euros. La idea del matrimonio civil, salida de la cabeza del abogado, era genial, aunque don Leocadio llevaba soñándola desde el día que conoció a Bárbara, hacía ya cuatro años. El acuerdo matrimonial vinculaba en bienes gananciales la cuenta de Caja Granadina, que a efectos reales no podría tocar Bárbara sin su consentimiento, y una de las dos villas de lujo de Marbella, valorada en dos millones de euros. La segunda villa, valorada en cinco millones de euros, así como dos áticos y cinco locales comerciales en Puerto Banús, los dejaba para Bárbara. Habían llegado a este acuerdo tras arduas negociaciones hasta altas horas de la madrugada en la mesa de camilla de la cocina de doña Rita. El casorio falso, aunque legal, iba también a poner la balanza a favor de Bárbara. Eso sí, con el acuerdo tácito de que en dos años se divorciarían» (La diosa del ladrillo, págs. 177-178) .


  

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