La diosa del ladrillo

jueves, 7 de enero de 2016

8. Máscaras translúcidas (La diosa del ladrillo, editorial Dauro)

8. Máscaras translúcidas.

«Bárbara era la atracción sorpresa del banquete; bajo el nombre de Nefertiti había acudido a amenizar la parte final del ágape. Su show, preparado por la agencia de espectáculos Hyperión, debía comenzar cinco minutos antes del corte de la tarta nupcial. La duración estimada era de aproximadamente quince minutos, en los que tenía que exhibir el más intenso lirismo. Contaba con la música de fondo del Aria de la Suite no 3 en re mayor de Bach. Allí estaba Bárbara, únicamente envuelta en el body painting que, allí mismo, entre bastidores, dos horas antes, le acababa de realizar su íntima amiga e incipiente pintora madrileña Soledad Ferrera, aprovechando su paso por Granada para inaugurar una exposición de desnudos femeninos. El body painting, compuesto de específicos pigmentos de Max Factor, había resultado toda una obra de arte que, sin embargo, no ocultaba el comprometedor medio real sobre el que se extendía: su escultural silueta femenina como lienzo. Consiguió el esplendor del más bello desnudo escultural, logrando acentuar un fascinante erotismo de tentadoras sugerencias. Los únicos atavíos eran sus transparentes zapatos de tacón —delicada recreación de cristal de Swarovski—, la negra máscara veneciana que le cubría todo el rostro, y la flauta travesera que le servía para simular la interpretación de la música de fondo, acompañada de sus cadenciosos y firmes contoneos en una lánguida marcha entre las mesas de los boquiabiertos comensales» (La diosa del ladrillo, pág. 185). 


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