La diosa del ladrillo

viernes, 1 de enero de 2016

6. Doña Adela (La diosa del ladrillo, editorial Dauro)

6. Doña Adela


«Doña Adela disfrutaba enormemente fisgando en noches como esta, por el ojo de la antigua cerradura, a su hijo haciéndole el amor a las sirvientas, y en especial a la que ella consideraba todo un "guayabo colombiano". Tenía un doble pellizco en el alma, y era que aún no había podido ver cómo poseía a Carla, que todavía se le resistía, y a Bárbara, que ni siquiera le permitía un simple morreo. en estas cavilaciones podía pasar doña Adela horas y horas, con la mirada y todos los sentidos puestos en las batallas carnales de su hijo con la aniñada y escultural Valentina, como también había hecho con anteriores criadas. Pero la joven colombiana despertaba un morbo especial en doña Adela. Era tan frágil y mimosa, y gemía con tanta pasión y naturalidad que le aseguraba que Paquitín era todo un macho, tanto o más que su padre» (La diosa del ladrillo, pág. 165).


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