6. Doña Adela
«Doña Adela disfrutaba enormemente fisgando en noches como esta, por el ojo de la antigua cerradura, a su hijo haciéndole el amor a las sirvientas, y en especial a la que ella consideraba todo un "guayabo colombiano". Tenía un doble pellizco en el alma, y era que aún no había podido ver cómo poseía a Carla, que todavía se le resistía, y a Bárbara, que ni siquiera le permitía un simple morreo. en estas cavilaciones podía pasar doña Adela horas y horas, con la mirada y todos los sentidos puestos en las batallas carnales de su hijo con la aniñada y escultural Valentina, como también había hecho con anteriores criadas. Pero la joven colombiana despertaba un morbo especial en doña Adela. Era tan frágil y mimosa, y gemía con tanta pasión y naturalidad que le aseguraba que Paquitín era todo un macho, tanto o más que su padre» (La diosa del ladrillo, pág. 165).


No hay comentarios:
Publicar un comentario